EMPEZÓ EN UN HUERTO
EMPEZÓ EN UN HUERTO
Aquí tenemos la creación de la mujer para que fuera una ayuda idónea1 para Adán. Esto fue hecho en el sexto día como también, el establecimiento de Adán en el paraíso, aunque aquí es mencionado después de la narración del descanso del séptimo día; pero lo que fue dicho en general (Gn. 1:27), que Dios hizo al hombre varón y hembra, es relatado aquí, con más claridad.
Observemos, (1) que Adán fue formado primero, después Eva (1 Ti. 2:13); y ella fue hecha del hombre y para el hombre (1 Co. 11:8-9), todo lo cual, es presentado allí como razones para la humildad, modestia, silencio y sumisión de este sexo en general, y, particularmente, la [sumisión] y reverencia2 que las esposas deben a sus propios esposos. Sin embargo, siendo el hombre hecho el último de las criaturas, como el mejor y más excelente de todos, el hecho de que Eva fuera hecha después de Adán y a partir de él, le da un honor a ese sexo como la gloria del varón (1 Co. 11:7). Si el hombre es la cabeza, ella es la corona —una corona para su esposo— la corona de la creación visible. El hombre era polvo refinado, pero la mujer era polvo doblemente refinado, un poco más alejado de la tierra.
(2) Que Adán durmió mientras su esposa era hecha [para] que no quedara lugar a la idea de que, en esto, él había dirigido al Espíritu del Señor o [que había sido] su consejero (Is. 40:13). Se le había hecho consciente de su necesidad de una ayuda idónea; pero, habiéndose comprometido Dios a proporcionarle una, no se aflige con ninguna preocupación al respecto, sino que se acuesta y duerme dulcemente como quien ha depositado toda su preocupación en Dios con una alegre renuncia de sí mismo y de todos sus asuntos, a la voluntad y sabiduría de su Hacedor. Jehová-jireh3, que el Señor provea cuando y a quien Él quiera. Si descansamos en la gracia Dios, Dios, en su gracia, obrará por nosotros y obrará todo para bien.
(3) Que Dios hizo caer un sueño sobre Adán y lo convirtió en un sueño profundo para que la apertura de su costado no le causara ningún dolor. Mientras no conociera el pecado, Dios cuidaría [de] que no sintiera dolor. Cuando Dios, por su providencia, hace eso con su pueblo, Él no sólo procura su felicidad en el asunto, sino que, por su gracia, puede calmar y componer sus espíritus, de tal manera que los haga sentir tranquilos bajo las operaciones más agudas en aquello que es doloroso para la carne y la sangre.
(4) Que la mujer fue hecha de una costilla del costado de Adán, no fue hecha de su cabeza para gobernarlo, ni de sus pies para ser pisoteada por él, sino de su costado para ser igual a él, bajo su brazo para ser protegida y cerca de su corazón para ser amada. Adán perdió una costilla sin ninguna disminución de su fuerza ni su hermosura4 (pues, sin duda, la carne fue cerrada sin dejar cicatriz). Pero en lugar de ella, tuvo una ayuda idónea para él que compensó, abundantemente, su pérdida: Lo que Dios quita a su pueblo, de una manera u otra, lo restaurará con ventaja. En esto (como en muchas otras cosas), Adán fue una figura de Aquel que había de venir porque del costado de Cristo, el segundo Adán, su esposa, la Iglesia, fue formada cuando Él durmió el sueño, el profundo sueño de la muerte en la cruz para lo cual, su costado fue abierto y de allí salió sangre y agua —sangre para comprar su Iglesia y agua para purificarla para Sí mismo (Ef. 5:25-26)—.
El matrimonio de la mujer con Adán
El matrimonio es honorable5, pero éste fue, sin duda, el matrimonio más honorable que jamás haya existido [porque], Dios mismo, tuvo siempre su mano involucrada directamente [en él]. Los matrimonios, dicen, son hechos en el cielo: Estamos seguros de que éste lo fue porque el hombre, la mujer, la pareja, fueron todos obra de Dios. Él, por su poder, los hizo a ambos y ahora, por su ordenanza, los hizo uno. Éste fue un matrimonio hecho en perfecta inocencia y nunca más lo ha sido ningún matrimonio desde entonces.
(1) Dios, como su Padre, trajo la mujer al hombre como su segundo yo y como una ayuda idónea para él. Cuando la creó, no la dejó a su propia disposición; no, ella era su hija y no debía casarse sin su consentimiento. Aquellos que, por fe, oración y una humilde dependencia de la Providencia, se ponen bajo una conducta6 divina, es más probable que establezcan un buen matrimonio. La esposa hecha por Dios mediante una gracia especial y traída por Dios mediante una providencia especial, es probable que resulte una ayuda idónea para un hombre.
(2) De Dios, como su Padre, Adán la recibió: “Esto es ahora hueso de mis huesos. Ahora tengo lo que deseaba y que ninguna de todas las criaturas pudo proporcionarme —una ayuda idónea para mí”. Los dones de Dios para nosotros, han de recibirse con un humilde y agradecido reconocimiento de su sabiduría al adecuarlos a nosotros y por su favor al concedérnoslos. Fue, probablemente, revelado a Adán en una visión mientras dormía, que esta hermosa criatura, presentada ahora a él, era una parte de él mismo, y que iba a ser su compañera y la esposa de su pacto… Además, en señal de que la aceptaba, le dio un nombre, no propio de ella, sino común a su sexo: “Será llamada Varona” —’ishshah7— diferenciándose del hombre sólo en el sexo, no en la naturaleza [humana], hecha del hombre y unida al hombre.
La institución de la ordenanza del matrimonio y el establecimiento de su ley
El sabbat8 y el matrimonio fueron dos ordenanzas instituidas en la inocencia, la primera para la preservación de la Iglesia, la segunda para la preservación de la humanidad en el mundo. Parece que Dios mismo dijo aquí: “Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer” (Mt. 19:4-5); pero no se sabe con certeza si lo dijo por medio de Moisés, el escritor, o por medio de Adán (quien habló, 2:23). Parece que son las palabras de Adán, en nombre de Dios, estableciendo esta ley para toda su posteridad.
(1) Observa aquí, cuán grande es la virtud de una ordenanza divina: Sus vínculos son más fuertes, incluso que los de la naturaleza. ¿A quién podemos estar más firmemente vinculados que a los padres que nos engendraron y a las madres que nos dieron a luz? Sin embargo, el hijo debe dejarlos para unirse a su esposa, y la hija, olvidarlos para unirse a su esposo (Sal. 45:10-11).
(2) Observa cuán necesario es que los hijos tengan consigo el consentimiento de sus padres en su matrimonio y cuán injustos son con sus padres, así como los infieles, quienes se casan sin él. Pues les roban su derecho e interés sobre ellos y los ceden a otro de manera fraudulenta y antinatural.
(3) Observa cuanta necesidad hay, tanto de prudencia9 como de oración, en la elección de esta relación, la cual es tan cercana y tan duradera. Hay que hacer bien lo que se ha de hacer para toda la vida.
(4) Observa cuán firme es el vínculo del matrimonio: [Éste] no debe dividirse ni debilitarse por el hecho de tener muchas mujeres (Mal. 2:15)10, ni romperse ni cortarse por el divorcio bajo ninguna causa que no sea la fornicación o el abandono voluntario11.
(5) Observa cuán entrañable debe ser el afecto entre esposo y esposa, tal como el que existe hacia nuestros propios cuerpos (Ef. 5:28). Estos dos son una sola carne; sean, pues, una sola alma.
Notas aclaratorias
- Ayuda idónea: La frase hebrea traducida al español como ayuda idónea para él significa, literalmente, “como opuesto a él”, es decir, “una ayuda a su altura o adecuada para él”. “Parece expresar la noción de complementariedad más que de identidad. Como observa Delitzsch (1:140), si se quisiera hablar de identidad, la frase más natural sería ‘como él’… La ayuda que se busca, no es sólo la asistencia en su trabajo diario o en la procreación de los hijos, aunque estos aspectos pueden estar incluidos, sino el apoyo mutuo que proporciona el compañerismo” (Gordon J. Wenham, Genesis, vol. 1, 68). La relación entre esposo y esposa, entonces, debería ser de rey y reina, no de amo y esclavo. Nota del editor: En el resto de este artículo, idónea sustituye a adecuada. ↩
- Reverencia: Profundo respeto. ↩
- Jehová-jireh: “El Señor ve” o “el Señor proveerá”; éste es el nombre que Abraham dio al lugar en el monte Moriah, donde Dios sustituyó un carnero como sacrificio, en lugar de Isaac, el hijo de Abraham (Gn. 22:14). ↩
- Hermosura: Aquí, lo que es apropiado o adecuado en forma o manera. Implica simetría o debida proporción de las partes y, en cuanto a los modales, decoro y rectitud (Ver Is. 53:2). ↩
- Ver Portavoz de la Gracia Nº 12: Matrimonio. Disponible en CHAPEL LIBRARY. ↩
- Conducta: Orientación, guianza. ↩
- ‘ishshah: La palabra hebrea más común para mujer y esposa en el Antiguo Testamento [Génesis] 2:23 es “de importancia fundamental porque, por un lado, aquí se usa ish (hombre) por primera vez en esta narración y, por otro lado, ‘ishshah (mujer) se explica, es más, se puede decir que aquí se define que… él es ‘ish y ella es ‘ishshah” (Botterweck y Ringgren, Diccionario teológico del Antiguo Testamento [Theological Dictionary of the Old Testament], 226). ↩
- Ver Portavoz de la Gracia Nº 21: El Día del Señor. Disponible en CHAPEL LIBRARY. ↩
- Prudencia: Sabiduría combinada con cautela. ↩
- Nota del editor: No se refiere a una autorización para tener varias mujeres (Ver la base bíblica en Mal. 2:14-16). ↩
- Nota del editor: Entendemos que no todos nuestros lectores estarán de acuerdo con la visión del autor sobre las razones del divorcio. ↩
- Amonestaciones: Consejos de precaución o advertencias. ↩
- Familiaridad: Cualidad propia del cabeza de familia. ↩