Dios y yo Andamos Juntos

Dios y yo andamos juntos

Dios y yo andamos juntos, y voy a cruzar la montaña, y voy a nadar ese río, y aunque mi cuerpo se desgaste, echaré mano de la vida eterna. No estoy solo, Dios camina conmigo. Él es galardonador de los que le buscan, mi refugio y sustento, y mientras vaya en mi barca, no temeré mal alguno. Su vara y su cayado me dan aliento, mis enemigos caerán. Estoy sembrado junto a corrientes de aguas, mi esperanza no está en mis fuerzas, sino en su Espíritu. Todas las cosas que me acontecen surtirán en mi vida un efecto positivo, pues mi Padre no me disciplina ni me hace pasar por momentos difíciles para regodearse de mi dolor. Entiendo que sus pensamientos son más altos que los míos, y que Él tiene para mí planes de bienestar y no de calamidad. Su gozo, como don espiritual, es mi fortaleza, y en la ironía de mi vida, y en el colapso de mis fuerzas, mi copa está rebozando. El bien y la misericordia de mi Padre me siguen, Él guardará mi pie del tropiezo y no dejará que mi simiente desaparezca y mendigue el pan que Él me ha prometido. Voy a esperar pacientemente en Él, y Él me responderá, porque no es tardo para oír, y su mano no se acorta para salvar. Así que, como hombre, aceptaré su voluntad, y aunque Él me matare, en Él esperaré. Yo sé, querido Dios, que nunca te olvidas de los tuyos, y que los haces sentar, tarde o temprano, entre los príncipes de tu pueblo, que tus escogidos son preciosos a tus ojos, y que guardas sus lágrimas en redomas sagradas, y que, habiendo oído sus oraciones, movilizas a tus ángeles como llamas de fuego a aquellos pequeñitos que, desterrados en el valle de lágrimas, atosigamos el alma en medio de las vicisitudes de esta vida en ruinas. Sé entonces tú mi protector, sé tú mi asidero, sosténme en el día de la prueba. No la quites, dame la fuerza para vencerla, pues ¿qué padre es aquel que deja sin disciplina a su hijo? Y si yo la necesito para que mis pies se afirmen y mi corazón se fortalezca, entonces, he aquí el esclavo del Señor, hágase en mí tu voluntad. Solo una cosa te pido hoy y mañana: que mientras voy de camino a la Jerusalén celestial, y caiga y tropiece, y las tormentas saquen las partes podridas de mi alma, y me escuches renegar, temblar, llorar y pleitear con mi realidad, en medio de todo, no apartes de mí tu santo Espíritu, pues, ¿a dónde huiré de tu presencia? ¿Me dejarías en el valle de los huesos secos? No, mi Señor, tú me amas y das sin medida tu Espíritu a quienes te lo pedimos. Así que, aunque la esté pasando mal y tenga que tomar esta pesada loza llamada vida, vida y corona me esperan. Así que de buena gana pelearé la batalla de la fe, y con las fuerzas que el tiempo y tú me concedas, haré que mi casa te sirva. -.-


Salmo 23 — “Su vara y su cayado me dan aliento…”
Salmo 1:3 — “Árbol plantado junto a corrientes de aguas…”
Jeremías 29:11 — “Planes de bienestar y no de calamidad…”
Hebreos 11:6 — “Galardonador de los que le buscan…”
Salmo 56:8 — “Guardas mis lágrimas en redomas…”
Isaías 59:1 — “Su mano no se ha acortado para salvar…”
Job 13:15 — “Aunque él me matare, en él esperaré…”
Hebreos 12:6 — “El padre disciplina al hijo…”
Salmo 139:7 — “¿A dónde huiré de tu presencia?”
Ezequiel 37 — “Valle de los huesos secos…”
2 Timoteo 4:7-8 — “Pelear la batalla de la fe… corona…”

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