CONFESIÓN DE FE DE WESTMINSTER

Confesión de Fe de Westminster

Documento histórico de la fe reformada

Confesión de Fe de Westminster

Adaptación didáctica en español de sus 33 capítulos, organizada para el estudio bíblico

“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”.
Juan 17:17 — RVR1960

Presentación

La Confesión de Fe de Westminster fue redactada por la Asamblea de Westminster durante el siglo XVII. Es uno de los documentos doctrinales más influyentes de la tradición reformada y presbiteriana.

Este material presenta una adaptación didáctica y resumida de sus treinta y tres capítulos. No sustituye el texto histórico ni pretende tener autoridad propia. Su propósito es facilitar la lectura, el estudio y la comparación de cada doctrina con las Sagradas Escrituras.

Principio fundamental: la Biblia es la única regla infalible de fe y conducta. Toda confesión humana debe ser examinada a la luz de la Palabra de Dios.

Índice general

  1. Capítulo 1: De las Sagradas Escrituras
  2. Capítulo 2: De Dios y de la Santísima Trinidad
  3. Capítulo 3: Del decreto eterno de Dios
  4. Capítulo 4: De la creación
  5. Capítulo 5: De la providencia
  6. Capítulo 6: De la caída del hombre, del pecado y de su castigo
  7. Capítulo 7: Del pacto de Dios con el hombre
  8. Capítulo 8: De Cristo, el Mediador
  9. Capítulo 9: Del libre albedrío
  10. Capítulo 10: Del llamamiento eficaz
  11. Capítulo 11: De la justificación
  12. Capítulo 12: De la adopción
  13. Capítulo 13: De la santificación
  14. Capítulo 14: De la fe salvadora
  15. Capítulo 15: Del arrepentimiento para vida
  16. Capítulo 16: De las buenas obras
  17. Capítulo 17: De la perseverancia de los santos
  18. Capítulo 18: De la seguridad de la gracia y de la salvación
  19. Capítulo 19: De la Ley de Dios
  20. Capítulo 20: De la libertad cristiana y de la libertad de conciencia
  21. Capítulo 21: De la adoración religiosa y del día de reposo
  22. Capítulo 22: De los juramentos y votos lícitos
  23. Capítulo 23: Del magistrado civil
  24. Capítulo 24: Del matrimonio y del divorcio
  25. Capítulo 25: De la Iglesia
  26. Capítulo 26: De la comunión de los santos
  27. Capítulo 27: De los sacramentos
  28. Capítulo 28: Del bautismo
  29. Capítulo 29: De la Cena del Señor
  30. Capítulo 30: De las censuras eclesiásticas
  31. Capítulo 31: De los sínodos y concilios
  32. Capítulo 32: Del estado de los seres humanos después de la muerte y de la resurrección
  33. Capítulo 33: Del juicio final
Capítulo 1De las Sagradas Escrituras
1

El conocimiento natural de Dios, visible en la creación y en la providencia, deja al ser humano sin excusa; sin embargo, no comunica por sí solo el conocimiento salvador de Dios. Por eso el Señor quiso revelar su voluntad y hacer que esa revelación quedara por escrito para preservar la verdad y fortalecer a su Iglesia.

2

Las Sagradas Escrituras contienen todos los libros inspirados del Antiguo y del Nuevo Testamento. Dios es su autor, y por ello poseen autoridad divina. Los libros llamados apócrifos no forman parte del canon inspirado y no tienen autoridad para establecer doctrina.

3

La autoridad de la Escritura no depende del testimonio de una iglesia o de una persona, sino de Dios mismo. La Iglesia puede ayudarnos a reconocer su excelencia, pero la plena certeza de su verdad procede de la obra interior del Espíritu Santo.

4

Todo lo necesario para la gloria de Dios, la salvación, la fe y la vida está expresamente enseñado en la Escritura o puede deducirse de ella por consecuencia necesaria. Nada debe añadirse mediante nuevas revelaciones, tradiciones humanas o decisiones eclesiásticas.

5

Las partes esenciales de la Escritura son suficientemente claras para que tanto las personas instruidas como las sencillas puedan alcanzar un conocimiento adecuado de lo necesario para la salvación.

6

El Antiguo Testamento fue escrito principalmente en hebreo y el Nuevo Testamento en griego. Puesto que las Escrituras deben ser conocidas por todo el pueblo de Dios, deben traducirse fielmente a las lenguas comunes.

7

La regla infalible para interpretar la Escritura es la misma Escritura. Cuando un pasaje resulta difícil, debe comprenderse a la luz de otros textos más claros.

8

El juez supremo de toda controversia religiosa es el Espíritu Santo hablando en las Escrituras.

Referencias bíblicas para el estudio: Salmos 19:1-4; Isaías 8:20; Lucas 24:27; Juan 16:13; Romanos 1:19-21; 15:4; 2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:19-21
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Capítulo 2De Dios y de la Santísima Trinidad
1

Hay un solo Dios vivo y verdadero, infinito en su ser y perfección, espíritu purísimo, invisible, inmutable, inmenso, eterno, incomprensible, todopoderoso, sabio, santo, libre, amoroso, misericordioso, justo y verdadero.

2

Dios posee toda vida, gloria, bondad y bienaventuranza en sí mismo. No necesita de ninguna criatura, ni recibe gloria como si careciera de algo. Todas las cosas dependen de Él y existen para su gloria.

3

Dios conoce perfectamente todas las cosas reales y posibles. Su conocimiento es infinito, infalible e independiente de las criaturas.

4

En la unidad de la Deidad existen tres personas de una misma sustancia, poder y eternidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El Padre no procede de nadie; el Hijo es eternamente engendrado del Padre; y el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo.

Referencias bíblicas para el estudio: Deuteronomio 6:4; Éxodo 3:14; Salmos 90:2; Mateo 3:16-17; 28:19; Juan 1:1-3; 4:24; 2 Corintios 13:14; 1 Juan 5:7
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Capítulo 3Del decreto eterno de Dios
1

Desde la eternidad, Dios ordenó libre e inmutablemente todo cuanto acontece, conforme al consejo sabio y santo de su voluntad. Sin embargo, Dios no es autor del pecado, no violenta la voluntad de sus criaturas ni destruye las causas secundarias.

2

Aunque Dios conoce todo lo que podría suceder bajo cualquier condición, su decreto no se basa en una previsión independiente de la criatura.

3

Para manifestar su gloria, Dios escogió en Cristo a un pueblo para vida eterna y dejó a otros en su justa condición, actuando siempre conforme a su sabiduría y justicia.

4

Los elegidos fueron escogidos gratuitamente, no por una fe, obra o mérito previsto, sino por la pura gracia de Dios. También fueron determinados los medios por los cuales serían redimidos, llamados, justificados, adoptados, santificados y glorificados.

5

Esta doctrina debe tratarse con prudencia, humildad y reverencia. Bien entendida, produce adoración, seguridad, obediencia y consuelo en quienes obedecen el Evangelio.

Referencias bíblicas para el estudio: Mateo 11:25-26; Juan 6:37-40; Hechos 2:23; Romanos 8:28-30; 9:11-23; Efesios 1:4-11; 2 Timoteo 1:9
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Capítulo 4De la creación
1

Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo creó de la nada el mundo y todo cuanto hay en él, visible e invisible, en el espacio de seis días, y todo era muy bueno.

2

Después de crear las demás criaturas, Dios creó al ser humano, varón y mujer, con almas racionales e inmortales, dotados de conocimiento, justicia y verdadera santidad conforme a su imagen.

3

El ser humano recibió la ley de Dios escrita en su corazón y un mandato particular. Tenía capacidad para obedecer, aunque era mutable y podía caer.

Referencias bíblicas para el estudio: Génesis 1:1-31; 2:7,16-17; Salmos 33:6; Eclesiastés 7:29; Colosenses 1:16; Hebreos 11:3
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Capítulo 5De la providencia
1

Dios, Creador de todo, sostiene, dirige, dispone y gobierna todas las criaturas, acciones y acontecimientos, desde los más grandes hasta los más pequeños, por su sabia y santa providencia.

2

Normalmente Dios obra mediante causas secundarias, pero es libre para actuar sin ellas, por encima de ellas o contra ellas.

3

En su providencia, Dios permite los pecados de ángeles y seres humanos y los limita y gobierna para sus propios fines santos, sin que la pecaminosidad proceda de Él.

4

Dios puede entregar temporalmente a sus hijos a diversas tentaciones para disciplinarlos, descubrirles la corrupción de su corazón, enseñarles dependencia y producir humildad.

5

La providencia también alcanza a quienes persisten en impiedad, y Dios cuida especialmente de su Iglesia, disponiendo todas las cosas para su bien.

Referencias bíblicas para el estudio: Génesis 50:20; 1 Samuel 2:25; Salmos 103:19; Proverbios 16:9,33; Mateo 10:29-31; Romanos 8:28; Efesios 1:11
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Capítulo 6De la caída del hombre, del pecado y de su castigo
1

Nuestros primeros padres, seducidos por Satanás, quebrantaron el mandamiento de Dios al comer del fruto prohibido. Dios permitió esta caída conforme a su sabio propósito, sin dejar de ser santo.

2

Por este pecado perdieron su justicia original y la comunión con Dios. Quedaron muertos en pecado y corrompidos en todas las facultades del alma y del cuerpo.

3

Como Adán actuó como cabeza representativa de la humanidad, la culpa de su pecado fue imputada a su descendencia, y la corrupción de su naturaleza se transmite a todos los que proceden de él por generación ordinaria.

4

De esta corrupción nacen todas las transgresiones actuales. Mientras permanezcamos en esta vida, aun los regenerados conservan corrupción, aunque esta haya sido perdonada y esté siendo mortificada.

5

Todo pecado merece la ira de Dios, la maldición de la ley, la muerte y las miserias temporales, espirituales y eternas.

Referencias bíblicas para el estudio: Génesis 3:1-19; 6:5; Salmos 51:5; Romanos 3:10-19,23; 5:12-19; 6:23; Efesios 2:1-3; Santiago 1:14-15
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Capítulo 7Del pacto de Dios con el hombre
1

La distancia entre Dios y la criatura es tan grande que, aunque los seres humanos le deben obediencia como Creador, nunca podrían alcanzar la vida como recompensa sin una condescendencia voluntaria de Dios expresada mediante pacto.

2

El primer pacto hecho con el ser humano fue un pacto de obras, en el cual se prometía vida a Adán y a su posteridad bajo condición de obediencia perfecta.

3

Después de la caída, Dios estableció el pacto de gracia, ofreciendo gratuitamente vida y salvación por Jesucristo a quienes creen. En este pacto promete dar su Espíritu a los destinados a vida para hacerlos capaces y dispuestos a creer.

4

Este pacto fue administrado de diferentes maneras bajo la ley y bajo el Evangelio, pero no existen dos pactos de gracia distintos en sustancia. Cristo es el único Mediador y Salvador en todas las épocas.

Referencias bíblicas para el estudio: Génesis 2:16-17; 3:15; Jeremías 31:31-34; Lucas 22:20; Romanos 3:21-26; Gálatas 3:8-14; Hebreos 8:6-13
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Capítulo 8De Cristo, el Mediador
1

Dios escogió y ordenó al Señor Jesús, su Hijo eterno, para ser Mediador entre Dios y el ser humano: Profeta, Sacerdote y Rey, Cabeza y Salvador de la Iglesia, heredero de todas las cosas y juez del mundo.

2

El Hijo de Dios tomó una verdadera naturaleza humana, con todas sus propiedades esenciales y debilidades comunes, pero sin pecado. Fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la virgen María.

3

En Cristo, las dos naturalezas, divina y humana, permanecen completas y distintas, unidas inseparablemente en una sola persona.

4

Jesús cumplió perfectamente la ley, padeció, fue crucificado, murió, fue sepultado, resucitó corporalmente al tercer día, ascendió al cielo, intercede por los suyos y volverá para juzgar.

5

Por su obediencia y sacrificio perfecto, Cristo satisfizo la justicia de Dios, obtuvo reconciliación y aseguró una herencia eterna para todos los que el Padre le dio.

6

La obra de Cristo fue eficaz para los creyentes de todas las épocas. Él aplica la redención por su Espíritu y su Palabra, venciendo a los enemigos y preservando a su pueblo.

Referencias bíblicas para el estudio: Isaías 53; Mateo 1:20-23; Juan 1:1,14; Hechos 1:9-11; Romanos 3:24-26; 5:18-19; 1 Timoteo 2:5; Hebreos 2:14-18; 7:25-27; 9:12-15
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Capítulo 9Del libre albedrío
1

Dios dotó al ser humano de una voluntad que actúa libremente, sin ser forzada ni determinada por una necesidad absoluta de naturaleza.

2

En el estado de inocencia, el ser humano tenía libertad y capacidad para querer y hacer lo bueno, aunque podía caer.

3

Por la caída, perdió toda capacidad espiritual para convertirse por sus propias fuerzas o prepararse para ello. Estando muerto en pecado, no puede producir por sí mismo fe salvadora.

4

Cuando Dios convierte a una persona, la libera de la esclavitud del pecado y la capacita para querer y hacer el bien espiritual. Sin embargo, debido a la corrupción restante, no hace el bien de manera perfecta ni exclusiva.

5

Solo en el estado de gloria la voluntad será perfecta e inmutablemente libre para hacer únicamente el bien.

Referencias bíblicas para el estudio: Génesis 1:26; Juan 6:44; 8:34-36; Romanos 6:17-22; 8:7-8; Filipenses 2:13; Efesios 2:1-5
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Capítulo 10Del llamamiento eficaz
1

A quienes Dios predestinó para vida, llama eficazmente en el tiempo señalado mediante su Palabra y su Espíritu. Los saca del estado de pecado y muerte y los lleva a la gracia y salvación en Jesucristo.

2

En este llamamiento, Dios ilumina la mente, quita el corazón de piedra, renueva la voluntad y atrae eficazmente a Cristo. La persona viene libremente porque la gracia la hace dispuesta.

3

Este llamamiento procede únicamente de la gracia de Dios, no de algo previsto en el ser humano. La persona es pasiva hasta ser vivificada y capacitada para responder.

4

Los niños elegidos que mueren en la infancia, y otras personas incapaces de recibir exteriormente la predicación, pueden ser regenerados y salvados por Cristo mediante el Espíritu.

5

Quienes no reciben a Cristo por una fe verdadera no pueden ser salvados por la sinceridad de otra religión o por vivir conforme a la luz natural.

Referencias bíblicas para el estudio: Ezequiel 36:26-27; Juan 3:3-8; 6:37,44; Hechos 4:12; Romanos 8:30; 10:14-17; 1 Corintios 2:14; Efesios 2:4-9
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Capítulo 11De la justificación
1

Dios justifica gratuitamente a quienes llama eficazmente. No infunde justicia como fundamento de aceptación, sino que perdona sus pecados y los declara justos únicamente por causa de Cristo.

2

La justicia de Cristo —su obediencia y satisfacción— es imputada al creyente. La fe recibe y descansa en Cristo, pero no constituye mérito alguno.

3

Cristo pagó plenamente la deuda de los justificados. La justificación es enteramente gratuita para ellos, aunque fue adquirida a gran precio por el Salvador.

4

Dios decretó desde la eternidad justificar a los elegidos; Cristo murió y resucitó para asegurar su justificación; y esta se aplica personalmente cuando creen.

5

Dios continúa perdonando los pecados de quienes han sido justificados. Aunque nunca caen de ese estado, pueden experimentar disciplina paternal y pérdida temporal del sentido de su favor.

6

Los creyentes del Antiguo Testamento fueron justificados de la misma manera que los del Nuevo.

Referencias bíblicas para el estudio: Habacuc 2:4; Romanos 3:24-28; 4:5-8; 5:1,9,17-19; 8:30-34; Gálatas 2:16; Filipenses 3:9; 2 Corintios 5:21
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Capítulo 12De la adopción
1

Todos los justificados son recibidos por Dios como hijos en Jesucristo. Reciben su nombre, el Espíritu de adopción, acceso confiado al trono de gracia, compasión, protección, provisión, disciplina paternal y una herencia eterna.

2

Aunque pueden ser disciplinados, nunca son abandonados, sino sellados para el día de la redención y preservados como herederos de la salvación.

Referencias bíblicas para el estudio: Juan 1:12; Romanos 8:14-17; Gálatas 4:4-7; Efesios 1:5; Hebreos 12:5-11; 1 Pedro 1:3-5; 1 Juan 3:1
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Capítulo 13De la santificación
1

Quienes están unidos a Cristo, llamados y regenerados, son santificados real y personalmente por la virtud de la muerte y resurrección de Cristo, mediante su Palabra y su Espíritu.

2

El dominio del pecado es destruido y sus deseos son debilitados y mortificados, mientras el creyente es fortalecido para practicar la verdadera santidad.

3

La santificación alcanza a toda la persona, aunque permanece imperfecta en esta vida. Continúa una lucha entre la carne y el Espíritu.

4

Aunque la corrupción puede prevalecer temporalmente, la parte regenerada vence finalmente, y los creyentes crecen en gracia hasta perfeccionar la santidad en el temor de Dios.

Referencias bíblicas para el estudio: Juan 17:17; Romanos 6:1-14; 7:14-25; 8:13; 1 Corintios 6:11; 2 Corintios 3:18; Gálatas 5:16-24; Hebreos 10:10,14
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Capítulo 14De la fe salvadora
1

La gracia de la fe es obra del Espíritu de Cristo en el corazón. Normalmente se produce por el ministerio de la Palabra y se fortalece mediante la misma Palabra, los sacramentos y la oración.

2

Por esta fe, el cristiano cree verdadero todo lo revelado en la Escritura por la autoridad de Dios. Responde de modo adecuado a cada enseñanza, obedeciendo mandamientos, temiendo amenazas y abrazando promesas.

3

El acto principal de la fe salvadora consiste en recibir y descansar únicamente en Cristo para justificación, santificación y vida eterna.

4

La fe puede ser débil o fuerte, y puede ser atacada, pero obtiene la victoria. Crece hasta alcanzar una seguridad madura por medio de Cristo.

Referencias bíblicas para el estudio: Marcos 9:24; Juan 1:12; Hechos 20:32; Romanos 10:14-17; Gálatas 2:20; Efesios 2:8; Hebreos 10:39; 11:1-13; 1 Pedro 1:8-9
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Capítulo 15Del arrepentimiento para vida
1

El arrepentimiento para vida es una gracia evangélica que debe ser predicada junto con la fe en Cristo.

2

El pecador, iluminado por el Espíritu, reconoce la maldad y el peligro de sus pecados, se entristece por ellos, los aborrece y se vuelve a Dios, proponiéndose obedecerle.

3

El arrepentimiento no constituye una satisfacción por el pecado ni causa el perdón; este descansa únicamente en la gracia de Dios en Cristo. Sin embargo, nadie debe esperar perdón mientras se aferra impenitentemente a su pecado.

4

No hay pecado tan pequeño que no merezca condenación, ni tan grande que pueda condenar a quien verdaderamente se arrepiente.

5

Las personas deben arrepentirse no solo de manera general, sino también de pecados particulares. Cuando han ofendido públicamente, deben procurar una confesión y reparación apropiadas.

Referencias bíblicas para el estudio: Salmos 51; Proverbios 28:13; Isaías 55:7; Ezequiel 18:30-32; Lucas 13:3; 24:47; Hechos 2:37-38; 11:18; 2 Corintios 7:10-11
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Capítulo 16De las buenas obras
1

Las buenas obras son únicamente las que Dios manda en su Palabra, no las inventadas por seres humanos sin autoridad bíblica.

2

Son fruto y evidencia de una fe viva. Por ellas los creyentes manifiestan gratitud, fortalecen su seguridad, edifican a otros, adornan el Evangelio y glorifican a Dios.

3

La capacidad para hacer buenas obras procede enteramente del Espíritu de Cristo. El creyente debe ser diligente, sin esperar una influencia extraordinaria antes de obedecer.

4

Ni siquiera nuestras mejores obras pueden merecer perdón o vida eterna. Existe una desproporción infinita entre ellas y la gloria futura; además, nuestras obras siguen siendo imperfectas.

5

Las obras de los creyentes son aceptadas solamente en Cristo. Dios se complace en recibir lo que es sincero, aunque todavía esté acompañado de debilidad.

6

Las obras de personas no regeneradas pueden ser exteriormente útiles, pero al no proceder de fe ni buscar la gloria de Dios, no pueden agradarle espiritualmente.

Referencias bíblicas para el estudio: Miqueas 6:8; Mateo 5:16; Juan 15:4-5; Romanos 14:23; Efesios 2:8-10; Filipenses 2:12-13; Tito 2:14; Santiago 2:14-26
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Capítulo 17De la perseverancia de los santos
1

Quienes Dios aceptó en Cristo y santificó por su Espíritu no pueden caer total ni finalmente del estado de gracia. Perseverarán hasta el fin y serán salvos.

2

Esta perseverancia no depende de la voluntad humana aislada, sino del decreto de elección, de la obra de Cristo, de la intercesión de Jesús, de la permanencia del Espíritu y de la fidelidad del pacto.

3

Los creyentes pueden caer gravemente durante un tiempo por tentaciones, corrupción restante o negligencia. Con ello desagradan a Dios, entristecen al Espíritu, perjudican a otros y atraen disciplina temporal; sin embargo, Dios los restaura.

Referencias bíblicas para el estudio: Jeremías 32:40; Juan 10:27-29; 17:11,15; Romanos 8:29-39; Filipenses 1:6; Hebreos 7:25; 1 Pedro 1:5; 1 Juan 2:1-2
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Capítulo 18De la seguridad de la gracia y de la salvación
1

Las personas hipócritas pueden engañarse con falsas esperanzas. Sin embargo, quienes creen verdaderamente en Cristo, procuran obedecerle y aman a los hermanos pueden alcanzar una seguridad firme de estar en gracia.

2

Esta seguridad no es una simple conjetura, sino una certeza fundada en las promesas de salvación, la evidencia de las gracias espirituales y el testimonio del Espíritu de adopción.

3

La seguridad no pertenece de tal modo a la esencia de la fe que un creyente no pueda pasar tiempo sin ella. Puede alcanzarse sin revelación extraordinaria mediante el uso diligente de los medios ordinarios de gracia.

4

La seguridad puede debilitarse por negligencia, pecado, tentación o prueba. Sin embargo, la semilla de Dios y la obra del Espíritu preservan al creyente de la desesperación total.

Referencias bíblicas para el estudio: Salmos 51:8-12; Marcos 9:24; Romanos 5:1-5; 8:15-16; Hebreos 6:11-19; 2 Pedro 1:5-10; 1 Juan 3:14,18-24; 5:13
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Capítulo 19De la Ley de Dios
1

Dios dio a Adán una ley como pacto de obras, obligándolo a obediencia personal, completa, exacta y perpetua.

2

Después de la caída, esta ley continuó como regla perfecta de justicia y fue resumida en los Diez Mandamientos.

3

Además de la ley moral, Dios dio a Israel leyes ceremoniales que prefiguraban a Cristo y fueron abolidas bajo el Nuevo Testamento.

4

También dio leyes judiciales para Israel como nación. Estas expiraron con aquel Estado, aunque sus principios generales de justicia siguen siendo instructivos.

5

La ley moral obliga para siempre a todos. Cristo no la abolió, sino que confirmó su autoridad.

6

Los creyentes no están bajo la ley como pacto de obras para ser justificados o condenados, pero la ley sigue siendo útil para revelar la voluntad de Dios, mostrar el pecado, dirigir la gratitud y advertir contra la desobediencia.

7

El uso de la ley no contradice la gracia del Evangelio; el Espíritu capacita al creyente para hacer libremente lo que la voluntad de Dios manda.

Referencias bíblicas para el estudio: Éxodo 20:1-17; Deuteronomio 5:1-21; Mateo 5:17-19; Romanos 3:20,31; 6:14; 7:7-12; 8:3-4; Gálatas 3:19-25; Santiago 2:8-12
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Capítulo 20De la libertad cristiana y de la libertad de conciencia
1

La libertad comprada por Cristo incluye liberación de la culpa del pecado, de la ira condenatoria de Dios, de la maldición de la ley, del dominio del pecado, de Satanás y del temor servil a la muerte.

2

Bajo el Nuevo Testamento, los creyentes poseen mayor libertad respecto de las ceremonias y una comunicación más plena del Espíritu.

3

Solo Dios es Señor de la conciencia. La ha dejado libre de doctrinas y mandamientos humanos contrarios a la Palabra o añadidos a ella en asuntos de fe y adoración.

4

Usar la libertad cristiana como pretexto para pecar destruye su propósito. La libertad debe servir para obedecer a Dios sin temor y con santidad.

5

Quienes, bajo pretexto de conciencia, perturban el orden legítimo o practican el mal pueden ser corregidos por la Iglesia y por las autoridades dentro de sus respectivas competencias.

Referencias bíblicas para el estudio: Salmos 119:45; Lucas 1:74-75; Romanos 6:14-22; 8:1; 14:4-12; Gálatas 5:1,13; Colosenses 2:20-23; Santiago 4:12; 1 Pedro 2:16
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Capítulo 21De la adoración religiosa y del día de reposo
1

La luz de la naturaleza muestra que existe un Dios que debe ser adorado. Sin embargo, el modo aceptable de adorarlo es determinado por Él mismo y no debe fundarse en imaginaciones humanas.

2

La adoración religiosa se debe únicamente a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y se ofrece mediante el único Mediador, Jesucristo.

3

La oración con entendimiento, reverencia, humildad, fe y perseverancia es parte especial de la adoración. Debe dirigirse a Dios conforme a su voluntad.

4

La lectura de la Escritura, la predicación, el oír la Palabra, el canto, la administración de los sacramentos, los juramentos legítimos, los votos, los ayunos y las acciones de gracias son elementos de adoración cuando son realizados bíblicamente.

5

La adoración no queda limitada a un lugar sagrado. Dios debe ser adorado en todo lugar, especialmente en la reunión pública de la Iglesia y en el culto familiar y personal.

6

Dios estableció un día de cada siete para reposo santo. Desde la resurrección de Cristo, la Iglesia guarda el primer día de la semana, llamado Día del Señor.

7

Este día debe dedicarse a la adoración pública y privada, a obras de necesidad y misericordia, dejando las ocupaciones y recreaciones ordinarias.

Referencias bíblicas para el estudio: Éxodo 20:8-11; Salmos 95:1-7; Mateo 4:10; Juan 4:23-24; Hechos 2:42; 20:7; 1 Corintios 11:23-29; 16:1-2; Colosenses 3:16; Hebreos 10:24-25
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Capítulo 22De los juramentos y votos lícitos
1

Un juramento lícito es un acto de adoración mediante el cual una persona llama solemnemente a Dios como testigo de la verdad y juez de la falsedad.

2

Solo debe jurarse por el nombre de Dios, con temor y reverencia, y únicamente en asuntos verdaderos, justos y de suficiente importancia.

3

Quien presta juramento debe entender sus palabras y cumplir lo prometido cuando sea lícito. Ningún juramento puede obligar a pecar.

4

El voto se dirige únicamente a Dios y debe hacerse voluntariamente, con fe y conciencia del deber. No deben hacerse votos de prácticas prohibidas, imposibles o ajenas al llamado legítimo.

Referencias bíblicas para el estudio: Deuteronomio 6:13; Salmos 15:4; 50:14; Eclesiastés 5:4-6; Jeremías 4:2; Mateo 5:33-37; Hebreos 6:16; Santiago 5:12
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Capítulo 23Del magistrado civil
1

Dios ha ordenado autoridades civiles para su propia gloria y para el bien público, dándoles poder legítimo para defender a quienes hacen el bien y castigar a quienes practican el mal.

2

Los cristianos pueden ejercer cargos públicos cuando son llamados legítimamente. Deben procurar justicia, paz y protección de los inocentes.

3

La autoridad civil no debe asumir el ministerio de la Palabra ni administrar los sacramentos. Sin embargo, debe proteger la libertad, la seguridad y el orden para que la Iglesia cumpla su misión sin violencia ni favoritismo.

4

Es deber de los ciudadanos obedecer las leyes legítimas, pagar impuestos, honrar a las autoridades y orar por ellas. La incredulidad de un gobernante no anula automáticamente su autoridad legítima.

Referencias bíblicas para el estudio: 2 Samuel 23:3-4; Salmos 82:1-4; Mateo 22:21; Romanos 13:1-7; 1 Timoteo 2:1-2; 1 Pedro 2:13-17
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Capítulo 24Del matrimonio y del divorcio
1

El matrimonio fue establecido por Dios como unión entre un hombre y una mujer. Ninguna persona debe tener simultáneamente más de un cónyuge.

2

Fue ordenado para la ayuda mutua, la multiplicación legítima de la humanidad y la prevención de la inmoralidad.

3

Todos los que pueden consentir responsablemente pueden casarse, pero los cristianos deben hacerlo en el Señor. No deben unirse voluntariamente con quienes rechazan abiertamente la fe.

4

El matrimonio no debe celebrarse dentro de grados de consanguinidad o afinidad prohibidos por la Palabra.

5

El adulterio o el abandono voluntario e irreparable pueden constituir causas bíblicas para disolver el vínculo. El proceso debe hacerse con orden, verdad, prudencia y conforme a las autoridades legítimas.

Referencias bíblicas para el estudio: Génesis 2:18-24; Mateo 5:31-32; 19:4-9; 1 Corintios 7:2,9,15,39; 2 Corintios 6:14; Efesios 5:22-33; Hebreos 13:4
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Capítulo 25De la Iglesia
1

La Iglesia universal e invisible está formada por todos los elegidos que han sido, son y serán reunidos bajo Cristo, su única Cabeza.

2

La Iglesia visible está compuesta por quienes profesan la verdadera fe y por sus hijos. Es el reino visible del Señor y la casa de Dios, fuera de la cual no existe una promesa ordinaria de salvación.

3

Cristo dio a la Iglesia el ministerio, los oráculos y las ordenanzas de Dios para reunir y perfeccionar a los santos, y promete estar con ella hasta el fin.

4

Las iglesias particulares pueden ser más o menos puras según la fidelidad con que enseñan el Evangelio, administran las ordenanzas y practican la disciplina.

5

Las iglesias más puras pueden errar, y algunas han degenerado gravemente. Sin embargo, Cristo siempre preservará en la tierra una Iglesia que confiese su nombre.

6

No existe otra cabeza de la Iglesia sino el Señor Jesucristo. Ninguna autoridad humana puede ocupar su lugar.

Referencias bíblicas para el estudio: Mateo 16:18; 18:15-20; 28:18-20; Hechos 2:39,41-47; Efesios 1:22-23; 4:11-16; 5:25-27; Colosenses 1:18; 1 Timoteo 3:15
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Capítulo 26De la comunión de los santos
1

Todos los santos unidos a Jesucristo por su Espíritu y por la fe participan de sus gracias, sufrimientos, muerte, resurrección y gloria.

2

Al estar unidos unos a otros en amor, comparten sus dones y están obligados a cumplir deberes públicos y privados para el bien mutuo.

3

Esta comunión debe expresarse en la adoración, el servicio, la ayuda material y espiritual, y extenderse a todos los que invocan el nombre del Señor.

4

La comunión con Cristo no convierte a los creyentes en participantes de su esencia divina, ni la comunión entre santos elimina el derecho legítimo de propiedad.

Referencias bíblicas para el estudio: Hechos 2:42-45; 4:32-35; Romanos 12:4-13; 1 Corintios 12:12-27; Gálatas 6:2,10; Efesios 4:15-16; 1 Juan 1:3,7
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Capítulo 27De los sacramentos
1

Los sacramentos son señales y sellos santos del pacto de gracia, instituidos directamente por Dios para representar a Cristo y sus beneficios, confirmar la fe y distinguir visiblemente a la Iglesia del mundo.

2

Existe una relación sacramental entre la señal externa y la realidad significada, por lo cual los nombres de una pueden atribuirse a la otra sin confundirlas.

3

La gracia no procede automáticamente del elemento externo ni depende de la dignidad del ministro. Su eficacia depende de la obra del Espíritu y de la promesa de Dios recibida por fe.

4

Cristo instituyó únicamente dos sacramentos para la Iglesia del Nuevo Testamento: el bautismo y la Cena del Señor.

5

En cuanto a su sustancia espiritual, los sacramentos del Antiguo Testamento señalaban al mismo Cristo que los del Nuevo.

Referencias bíblicas para el estudio: Génesis 17:7,10; Mateo 28:19; Romanos 4:11; 6:3-4; 1 Corintios 10:1-4; 11:23-26; 12:13; Gálatas 3:27
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Capítulo 28Del bautismo
1

El bautismo es un sacramento instituido por Jesucristo para admitir solemnemente a una persona en la Iglesia visible y significar su unión con Cristo, regeneración, perdón de pecados y entrega a Dios.

2

El elemento externo es agua, aplicada en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo por un ministro legítimamente llamado.

3

La inmersión total no es necesaria; el bautismo puede administrarse correctamente por derramamiento o aspersión de agua.

4

Deben ser bautizados quienes profesan fe y obediencia a Cristo, y también los hijos de uno o ambos padres creyentes.

5

Despreciar o descuidar voluntariamente esta ordenanza es un pecado grave. Sin embargo, la salvación no está tan unida al bautismo que nadie pueda ser salvo sin él ni que todos los bautizados sean necesariamente regenerados.

6

La eficacia del bautismo no queda limitada al momento de su administración. El bautismo debe administrarse una sola vez.

Referencias bíblicas para el estudio: Génesis 17:7; Mateo 3:11; 28:19; Marcos 16:16; Hechos 2:38-39; 8:36-38; 10:47-48; 16:14-15,33; Romanos 6:3-4; Colosenses 2:11-12
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Capítulo 29De la Cena del Señor
1

Jesús instituyó la Cena la noche en que fue entregado para recordar permanentemente su sacrificio, confirmar a los creyentes, alimentarlos espiritualmente y expresar su comunión con Él y entre ellos.

2

En la Cena no se repite ni se ofrece nuevamente el sacrificio de Cristo. Es una conmemoración de su única ofrenda consumada en la cruz y una proclamación espiritual de ella.

3

Los ministros deben declarar las palabras de institución, orar, bendecir el pan y el vino, partir el pan y entregar ambos elementos a los participantes.

4

La adoración de los elementos, su elevación como objeto de culto o su reserva supersticiosa contradicen la institución de Cristo.

5

El pan y el vino permanecen verdaderamente pan y vino. La doctrina de la transubstanciación contradice la Escritura, la razón y la naturaleza del sacramento.

6

Los creyentes dignos reciben por fe, de manera real y espiritual, a Cristo crucificado y todos los beneficios de su muerte. Cristo no está corporalmente en los elementos, pero se comunica verdaderamente por el Espíritu.

7

Las personas ignorantes e impías no participan del beneficio de Cristo por comer y beber externamente; al hacerlo indignamente, comen y beben juicio para sí.

Referencias bíblicas para el estudio: Mateo 26:26-29; Lucas 22:19-20; Juan 6:63; 1 Corintios 10:16-17; 11:23-34; Hebreos 7:27; 9:25-28; 10:10-14
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Capítulo 30De las censuras eclesiásticas
1

Cristo, como Rey y Cabeza de la Iglesia, estableció un gobierno eclesiástico distinto del gobierno civil.

2

A los oficiales de la Iglesia se les confían las llaves del reino: proclamar la Palabra, admitir o excluir de la comunión visible y ejercer disciplina conforme a las Escrituras.

3

La disciplina es necesaria para recuperar a quienes pecan, impedir que otros sean contaminados, preservar la honra de Cristo y evitar el juicio de Dios sobre la Iglesia.

4

Según la gravedad y persistencia de la falta, la Iglesia puede aplicar amonestación, suspensión temporal de la Cena y exclusión de la comunión.

Referencias bíblicas para el estudio: Mateo 16:19; 18:15-20; Juan 20:21-23; 1 Corintios 5:1-13; 2 Corintios 2:6-8; 1 Timoteo 1:19-20; Tito 3:10
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Capítulo 31De los sínodos y concilios
1

Para el mejor gobierno y edificación de la Iglesia pueden reunirse asambleas de ancianos y otros representantes legítimos.

2

Estas asambleas deben resolver controversias doctrinales, ordenar la adoración y el gobierno eclesiástico, recibir denuncias y ofrecer consejo, siempre conforme a la Palabra de Dios.

3

Sus decisiones, cuando son bíblicas, deben recibirse con reverencia por estar de acuerdo con la Escritura y por la autoridad ministerial con que fueron tomadas.

4

Todos los concilios posteriores a los apóstoles pueden errar y algunos han errado. Por eso no constituyen la regla de fe, sino ayudas subordinadas.

5

Las asambleas eclesiásticas no deben intervenir en asuntos civiles, salvo mediante peticiones humildes o consejos morales cuando la conciencia o el bien espiritual lo requieren.

Referencias bíblicas para el estudio: Hechos 15:1-35; 16:4; Mateo 18:17-20; 1 Corintios 14:26,40; Efesios 2:20; 1 Pedro 5:1-4
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Capítulo 32Del estado de los seres humanos después de la muerte y de la resurrección
1

Después de la muerte, el cuerpo vuelve al polvo, pero el alma, que no muere ni duerme, regresa inmediatamente a Dios.

2

Las almas de los justos son perfeccionadas en santidad y recibidas en la presencia de Dios, mientras esperan la redención completa de sus cuerpos.

3

Las almas de los impíos son retenidas bajo castigo, aguardando el juicio del gran día. La Escritura no enseña otros destinos intermedios.

4

En el último día, quienes estén vivos serán transformados y todos los muertos resucitarán con sus propios cuerpos, aunque con cualidades diferentes.

5

Los cuerpos de los injustos serán resucitados para deshonra, y los de los justos para honra, conformados al cuerpo glorioso de Cristo.

Referencias bíblicas para el estudio: Génesis 3:19; Eclesiastés 12:7; Lucas 16:22-24; 23:43; Juan 5:28-29; 1 Corintios 15:42-54; Filipenses 3:20-21; 1 Tesalonicenses 4:13-17; Apocalipsis 20:11-15
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Capítulo 33Del juicio final
1

Dios ha establecido un día en el cual Jesucristo juzgará al mundo con justicia. Ángeles y seres humanos comparecerán ante Él para dar cuenta de sus pensamientos, palabras y obras.

2

El propósito del juicio es manifestar la gloria de la misericordia de Dios en la salvación de los elegidos y la gloria de su justicia en la condenación de los impíos.

3

Los justos entrarán en vida eterna y plenitud de gozo en la presencia del Señor. Los impíos serán excluidos de su presencia favorable y recibirán castigo eterno.

4

Dios ha revelado con claridad la certeza del juicio para refrenar el pecado, consolar a los creyentes y mantenerlos vigilantes. Ha ocultado la fecha para que nadie se vuelva descuidado y todos estén preparados.

Referencias bíblicas para el estudio: Eclesiastés 12:14; Mateo 12:36-37; 24:36-44; 25:31-46; Juan 5:22-29; Hechos 17:30-31; Romanos 2:5-16; 2 Corintios 5:10; Apocalipsis 20:11-15
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Examina todas las cosas

“Examinadlo todo; retened lo bueno”. 1 Tesalonicenses 5:21

La autoridad definitiva del cristiano no se encuentra en una tradición, institución o confesión humana, sino en la Palabra inspirada de Dios.

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